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PATAKI


OLOFIN PERDONA A SUS HIJOS GRACIAS A YEMAYA  



Una vez que Olofin se alejara de la tierra debido al humo de las fogatas, dejando a las distintas deidades al cuidado del planeta, fijo su atención en diversos puntos del espacio para observar con detenimiento el desarrollo de aquellos lugares, volviendo, de vez en cuando, a analizar nuestra existencia y el curso que tomaban las cosas en el Orbe.

Se sintió inclinado a rehacer todo el trabajo, dañado por las tentaciones en que habían caído las deidades y los hombres, y cito a aquellas por mediaciones de Olodumare a un concilio, donde el dominador de los espacios explico lo que el creador tenía en mente. Esta noticia causo gran pesar a las deidades, que se habían afanado duramente a lo largo de tantos milenios en la elaboración de las formas. Cada una expreso su parecer sobre el asunto, pero el más claro fue el de Yemaya.

Ella sugirió al gran Olodumare que llevara a Olofin la opinión del concilio, en la que se le manifestaba lo duro que había sido el trabajo realizado, y que, en caso de repetirse, los conduciría al mismo resultado, ya que la creación material, y la del hombre, había sido una experiencia nueva. Tanto la criatura humana como las deidades recibían influencias de las dos fuerzas existentes: el bien y el mal; un principio universal inalterable ante cuya acción la alternativa más inteligente era permitir a los hombres que avanzaran, y en su desarrollo se reencontraran con su espíritu para tener acceso a los conocimientos superiores; también se debía permitir que ellos se gobernaran por un tiempo, pues aun no habían vivido esta experiencia. Y si después de todo esto, el no quedaba conforme, podría ejecutar en el futuro lo que mejor le pareciera, ya que para él, no existía ni el futuro ni el espacio, porque todas esas cosas las encerraba en si mismo.

Olodumare se ocupo de transmitir el mensaje, que al parecer dejo satisfecho a Olofin, pues las cosas no se habían acabado todavía, aunque tal vez para el creador todo aquello no fue mas que una forma de probar la capacidad de sus subordinados.

Y como nada paso, el mundo sigue su curso con el gobierno material de los hombres, y este enigmático suceso quedo registrado en el Libro Sagrado por Orunmila

 

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